Estoy en medio de mi quinta semana y, apartando una gripe terrible que me tuvo en cama varios días, lo más fastidioso ha sido el apetito deshecho.
Las comidas que antes me gustaban, ahora no las soporto. Y las comidas que suelo evitar, son las únicas que me provocan!
Parece que no tuviera hambre en ningún momento, pues todo el tiempo siento el estómago revuelto y lleno de gases (y ni hablar del estreñimiento). Pero eventualmente me doy cuenta de que tengo mucha hambre (además de que´sé que debo comer!) y lo peor es que nada me provoca.
Rara vez me ha provocado realmente comer algo, y ha sido algún dulce. El resto de las veces... simplemente como porque sé que tengo que comer y a veces se me desarrolla el hambre en plena comida.
Casi siempre comienzo a comer con miedo de que no va a gustarme la comida, y a veces encuentro un gusto exquisito en algunas cosas: yogurt, leche, pan... pero luego se pasa. La cosa cambia a diario.
Los antojos permanentes han sido de comida japonesa, cambures y frutos cítricos (mandarinas y limonada). Del resto, nada parece provocarme realmente.
Al menos nada de lo que comía usualmente.
Lo que sí sé es que no quiero que ni se me acerque ninguna bebida caliente (adiós a mis 4 tés diarios) ni ninguna comida fría (sobretodo las ensaladas que solía almorzar). Y, en general, quiero comer comidas preparadas y de sabores fuertes.
No tengo ni idea de por qué es esto. Originalmente he pensado que algún mineral me falta (por eso las ganas de comer cambur y arroz), y que en general mi dieta tenía muy pocos carbohidratos (por eso la avena y el pan pasan, pero las ensaladas no). Ahora, lo de los sabores fuertes sí no entiendo.
Me da la impresión que está simplemente todo invertido: lo que comía a diario ya no me gusta, lo que comía menos es lo que prefiero ahora.
En cualquier caso, es incómodo y molesto.
En Internet encuentro que tratan de explicarlo de muchas maneras (que si te proteges de toxinas, que si buscas los nutrientes que necesitas). La verdad no creo mucho en eso. Y la verdad es que ellos no saben a qué se debe.
El caso es que más importante que los benditos antojos son quizás las aversiones, que igual dicen que son más comúnes que los primeros.
Se supone que después del primer trimestre la cosa debe mejorar un poco... ya veremos.
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